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Baruc continuó diciendo:

«Dios nos castigó tal como lo había anunciado. Todos sufrimos el castigo: tanto el rey y los gobernantes como los que pertenecemos a Israel y a Judá.

»En Jerusalén pasaron cosas terribles que nadie en este mundo había sufrido. Ya Moisés lo había anunciado en el libro de la Ley: nosotros llegaríamos al extremo de comernos a nuestros propios hijos e hijas. Por eso Dios nos hizo esclavos de las naciones vecinas y convirtió nuestro territorio en un desierto. También hizo que la gente de esas naciones se burlara de nosotros. De jefes pasamos a ser esclavos, y todo esto por desobedecer a nuestro Dios.

6-10 »Realmente nuestro Dios es justo, y nosotros merecemos este castigo, pues no obedecimos sus mandamientos. Todas las desgracias que Dios nos anunció, nos han caído encima, ¡y ni siquiera así abandonamos nuestra mala conducta, ni oramos a Dios pidiendo su perdón!»

Oración pidiendo libertad

11 Baruc dijo:

«Dios de Israel, tú demostraste tu gran poder al librar a tu pueblo de la esclavitud en Egipto. Lo hiciste por medio de milagros y maravillas; por eso sigues siendo muy famoso. 12 En cambio, nosotros no hemos hecho más que ofenderte y desobedecer tus mandamientos. 13 Por eso nos enviaste como esclavos a otras naciones. Pero ahora te rogamos que no sigas enojado con nosotros, pues quedamos muy pocos en esos países.

14-15 »¡Dios, escucha nuestras súplicas y oraciones! Libéranos, y haz que nos traten bien quienes ahora nos tienen bajo su dominio. Así sabrán que tú eres un Dios de poder, y que tú elegiste a Israel y a sus descendientes para ser su pueblo.

16 »¡Dios, desde el lugar donde tú vives, míranos! ¡Por favor, Dios, escúchanos! 17-18 Los que estamos vivos podemos adorarte y reconocer que actúas con justicia, a pesar de estar tristes, sin fuerzas y hambrientos. En cambio, los muertos no pueden hacerlo, ¡pues están encerrados en sus tumbas!

El castigo es justo

19-24 »Al pedirte esto, Dios nuestro, no lo hacemos confiados en las buenas obras de nuestros antepasados y de nuestros reyes. Nosotros mismos merecemos el castigo tan duro que nos diste, pues ya nos lo habías advertido por medio de tus servidores, los profetas. Por medio de ellos nos dijiste que nos sometiéramos al rey de Babilonia y lo sirviéramos, pues sólo de esa manera podríamos seguir viviendo en la tierra que les diste a nuestros antepasados. Nos dijiste: “Si no obedecen esto que les digo, pondré fin a las fiestas y a las canciones de alegría en Jerusalén y en las demás ciudades de Judá; todo el país quedará deshabitado y convertido en un desierto”.

»Dios nuestro, como no te obedecimos, cumpliste tus amenazas: los huesos de nuestros reyes y de nuestros antepasados fueron sacados de sus tumbas 25 y quedaron abandonados por las calles, bajo el calor del día y el frío de la noche. De hecho, ellos ya habían sufrido mucho de hambre, plagas y guerra. 26 Además, tu templo quedó en la terrible situación en que hoy se encuentra, por el pecado y la maldad de la gente de Israel y de Judá.

Confianza en la promesa de Dios

27 »A pesar de todo esto, Dios nuestro, tú nos has tratado con mucha bondad y cariño. 28 Lo hiciste para cumplir tu promesa a Moisés, cuando en presencia de los israelitas le ordenaste que pusiera por escrito tus enseñanzas. Dijiste:

29 “Si este pueblo escandaloso no me obedece, llegará a ser tan sólo un puñado de gente, aunque ahora sea muy numeroso. Quedará esparcido por todas las naciones a donde lo enviaré como esclavo. 30 Estoy seguro de que no me va a obedecer, porque es un pueblo rebelde.

”Pero cuando este pueblo se encuentre esparcido por esas naciones, va a tener tiempo de pensar en lo que hizo, 31 y se dará cuenta que yo soy su único Dios. Entonces, yo le daré un corazón dispuesto a obedecerme. 32 Y se acordará de mí y me alabará en el lugar donde se encuentre esparcido. 33 Este pueblo dejará de ser rebelde y abandonará su mala conducta cuando recuerde lo que les pasó a sus antepasados por pecar contra mí.

34 ”Entonces yo lo traeré de nuevo al país que juré entregarles a sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob. Y otra vez será el dueño de ese país. Llegará a ser un gran pueblo, y no volverá a ser reducido a un puñado de gente. 35 Además, haré con este pueblo una alianza que durará por siempre: Yo me comprometeré a ser su Dios, y ellos se comprometerán a ser mi pueblo. De mi parte, ya no los volveré a expulsar de su país”».